El suicidio en adolescentes


Hay adolescentes tentados por la vida…otros por la muerte. Intenten si pueden, decìa Rigaut, detener a un adolescente que viaja con el suicidio en el ojal de su camisa.

Para muchos adolescentes el suicidio se ha vuelto un juego, en el que se corre- en un instante de pasión, el velo desgarrador de la muerte.
Los adolescentes viven con patética irreverencia este maravilloso paso por la vida. Y si no tienen motivos para vivir, tampoco los tienen para no morir. Este mundo, con todas sus fallas y limitaciones, no merece el trabajo suicida de abandonarlo. Pero el “estoicismo” de algunos adolescentes es una religión que solo tiene un sacramento: “el suicidio”. Viven secretamente, al borde del abismo, del delirio y del cinismo. Se pasan cada mañana la mano por la cara, siempre con el angustioso temor de encontrarla sin nariz, ni boca, todas las facciones borradas, como sobre un dibujo.


El adolescente de generaciones anteriores tenía intereses y valores diferentes…se ocupaba de la cultura y del amor porque estos superaban en utilidad al resto de las cosas. Ahora el facilismo, la obscenidad y el dinero son más seductores que el amor o la cultura. “Pensar es una tarea de pobres…un sofisma de distracción. El hombre de “éxito” es una mula que pasa en un Mercedes Benz. Hombre valorado y respetado en nuestra sociedad…ideal de nuestros adolescentes.

El suicidio y todas las formas de estupidez en la adolescencia, nacen del tedio. Y, evidentemente, el único criterio de admiración, es la corrupción, lo pesado y obsceno, lo vacio y grotesco.


¿Cómo orientar al adolescente en la búsqueda de valores que le ayuden a sustentar la vida, inmersos en un mar de inautenticidad y desencanto? ¿Cuál es el mundo en el que los hemos obligado a vivir?

¿Cómo ayudarlos a crecer es un mundo de auténticos valores si estos no existen en el medio en el que los condenamos a vivir?

El suicidio es la respuesta “normal” al problema de su existencia. Y sería lamentable argumentar, como posibles causas determinantes, factores tan imprecisos como la “incomprensión, separaciones o desavenencias en el hogar” El problema de la existencia del adolescente es mucho más complejo. Por un lado están los factores constitutivos de su identidad como hombre o como mujer, determinantes de los dramas que tendrá que vivir para encontrar una salida digna a su existencia; y por otro lado, los de su inscripción social, grupal, familiar, etc. Pero todos estos sujetos a un hilo conductor: el de su pasión como adolescente ensordecido en un medio deformado en sus valores esenciales!.

Existe una compleja relación entre el suicidio y la pasión. El adolescente es un ser apasionado en el sentido de llevar todos sus asuntos hasta sus últimas consecuencias…sus convicciones, el amor, la sexualidad, la muerte, etc. Ser apasionado es estar entregado a un drama inconsciente que uno no puede manejar o poner en cuestión y que por lo tanto, padece. Estos asuntos son también fantasmas que no se dejan refutar por la realidad. La pasión es algo que nos domina y no un dominio que adquirimos sobre el mundo. Si el mundo es hostil, deshonesto e inmoral, la pasión funciona como la figura de una liberación, pero termina muchas veces en la forma de una autodestrucción! En esta perspectiva, el suicidio en adolescentes, es un acto pasional e irracional y falsamente liberador!

El suicidio- decía Rigaut, es muy cómodo, no paro de pensarlo; es demasiado cómodo. Yo no me he suicidado. Subsiste un pesar, no quisiera partir antes de haberme comprometido; quisiera, al partir, llevarme Notre-Dame, el Amor o La República”.

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