Separaciones matrimoniales

  

Hay matrimonios que viven sin amor, así como hay gente que se las arregla para vivir sin poesía. Otros intentan dimensionar sus vidas a través de la amistad, pero terminan -sin el encanto del amor, convirtiendo el hogar en un pequeño infierno de insatisfacción…buscando a empellones, cada uno, su propia felicidad, sin entender que ese tipo de relación causa graves problemas en el desarrollo psíquico y emocional de sus hijos. ¿Qué hacer para que ellos también puedan mejorar su condición de vida? ¿Qué hacer para que la separación no se convierta en un lastre en el desarrollo integral del niño y por el contrario se vuelva liberadora en muchos sentidos? En primer lugar es importante que los padres separados puedan hablar con la regularidad necesaria para que los niños sientan que, aunque ellos se encuentran separados, son y se sienten plenamente responsables de ellos. En segundo lugar, que los niños entiendan los motivos reales de su nueva situación. Este tipo de aclaración impedirá que los niños se culpen por la separación. Recuerden que la verdad por dolorosa que sea, transforma; la mentira daña, envilece! En tercer lugar, es importante que los padres, antes de la separación, se den el tiempo necesario para analizar -con la ayuda de un profesional, los factores (inconscientes) que precipitaron la separación. Solo de esta forma podría darse la posibilidad de luchar por restituir el amor o de terminar de una forma lo menos traumática para el futuro desempeño de los hijos.

En cuarto lugar, no se debe presionar al hijo a elegir con cual miembro de la pareja se queda. Él no tiene por qué separarse de ninguno de los dos! Entendámoslo: él no se separa! Se queda con los dos. O sea, compartirá de acuerdo a su deseo, en los hogares que establezcan sus respectivos padres. Solo de esta forma, la angustia ante la expectativa de perder a uno de los dos, irá desapareciendo! Es importante que el niño sienta que sus padres están de acuerdo para que él viva, en el mejor de los ritmos, su propia vida. Planteamiento contrario a las absurdas pretensiones de algunos jueces de familia, que sin tener en cuenta el deseo de los niños, dictaminan sobre la vida y necesidades de estos.

La mayoría de las separaciones pueden ser frustrantes o dolorosas pero necesarias para evitar trastornos en la estructura psíquica de los hijos. Y son lamentables solo cuando uno de los dos padres deja de asumir su función como padre. Es importante que los niños se identifiquen con padres que tuvieron el valor de restituir sus vidas en una nueva relación de amor!, La mayoría de las parejas (neuróticas o perversas) inmersas en el desamor y en la posesión abusiva del otro, argumentan no separarse “por los hijos” cuando la verdad es que no se separan por la satisfacción (muchas veces inconsciente) que derivan del sometimiento, la amargura y el dolor en la relación con el otro. Si analizaran el daño que le están ocasionando a los hijos, se separarían y la separación tendría un sentido liberador (transformador) para todos!.

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